Muestra Principal

CURADA POR CRISTINA DE MIDDEL

No se lleva ser feminista. Ninguna de las colecciones Primavera-verano 2016 lo incluyen en sus tendencias a seguir. Y no se lleva sobre todo si eres mujer así que no pienso confesar aquí que lo soy. Al fin y al cabo es sobre género sobre lo que debería hablar, el tema de la 2ª edición de SAN JOSE FOTO.

Tenemos, al menos la gran mayoría de los interlocutores con los que me encuentro física o virtualmente cada día, la suerte de haber nacido y crecido en una época de cambios que nos permite aún comparar mentalidades y opiniones que pertenecen a distintos siglos. Mi abuela, que roza ya la centena, se lleva las manos a la cabeza a diario mientras que mis sobrinos, en la decena, avanzan con naturalidad entre chicos que son chicas, chicas que son chicos, rosa para ellos, azul para ellas y cejas depiladas para todos. Sin pestañear.

Algunos pueden sentir vértigo al ver los avances que en cuestión de género se han producido en la mayoría de los países desarrollados, y sin embargo mi sensación sigue siendo la de que queda mucho por hacer, mucho por comprender y en definitiva, mucho por cambiar. A pesar de que en cuestiones de identidad y de género nos encontramos frente a grandes avances médicos que permiten decidir el sexo antes de nacer o modificarlo una vez nacidos, y avances institucionales que tratan de responder a nuevas realidades, lo cierto es que lo que se ha caminado se ha hecho a trompicones. De qué sirve difuminar géneros cuando sigue existiendo semejante desigualdad entre ellos? No sería esta tendencia a la androginia una estrategia desesperada por aplicar un sistema de promedio para compensar una ecuación que es demasiado difícil de solucionar?

Sé que empecé diciendo que mi intención estaba lejos de hacer un discurso feminista, repito, porque no está de moda, pero para explicar mi propuesta curatorial para el Festival Internacional SAN JOSE FOTO, necesito poner las cosas en contexto.

El contexto es que soy mujer y me encuentro en una situación de poder porque soy la comisaria. Se me ha otorgado el poder de decidir cuáles son las visiones fotográficas que explican mejor mi entendimiento sobre temas de género. Y desde esa posición de poder que pocas veces una ostenta, decido cederle el micrófono a los hombres, convencida de que si algún avance ha de producirse tiene que venir de ahí, de ellos. Me voy a ahorrar las estadíticas acerca del porcentaje de mujeres con posiciones de poder en los distintos campos de las finanzas, la política o la cultura porque sé que caen en saco vacío y que las estadíticias por sí solas no producen cambio alguno, pero sí necesito hacer referencia a ellas (y todos las podemos intuir) para explicar por qué esta edición de San José Foto sólo muestra el trabajo de fotógrafos hombres.

Por la misma razón por la que me resisto (fallidamente, lo confieso, a estas alturas) a adoptar un discurso feminista, he decidido prescindir de la mirada femenina. Consciente como soy que el cambio, que lenta pero firmemente, se está produciendo viene casi siempre marcado por un cambio en la mentalidad masculina, parece tener sentido centrarse en estos proyectos que ofrecen, en mi opinión, un panorama bastante optimista o al menos, un panorama que no acentúa el problema.

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La mujer fotografiada suele estar semi desnuda y la mujer fotógrafa suele estar casi escondida. Esta relación mujer/fotografía se pasea por terrenos que van desde las formas de un violín en la espalda hasta las paredes de un taller mecánico pasando por gran parte de los anuncios publicitarios (indistintamente del producto anunciado) y abarca hasta el misterioso caso de un archivo perteneciente a una empleada de hogar que, para sorpresa de todos, era una excelente fotógrafa (o, según se mire, el aburrido caso de una excelente fotógrafa que tuvo que trabajar de empleada de hogar).

Esta selección de autores que propongo no es más que un juego para entender mejor quién es la mujer fotógrafa y cómo es la mujer fotografiada, un juego para hombres que la deja al margen de la conversación pero que rezuma horas de escucha, entendimiento y reflexión. Justo lo que hace falta para cambiar las cosas.

Superstición, moda, tradición, estereotipos y lenguaje, son todos campos en los que la mujer siempre trae consigo un asterisco. Mujer bruja, quemada en la hoguera, encarcelada (Eric Gyamfi), mujer consumidora y esclava de las formas y los colores (Bruno Morais), mujer musa y canon de belleza (Pachi Santiago), mujer primigenia, poderosa (Patrick Willocq), mujer padre, trabajadora (Nicolas Wormull) y la ausencia de género por anulación de fuerzas, el proyecto andrógino de un hombre (Guillermo Giansanti) poniéndose por encargo en la piel de una mujer para contar intimidades.

Todas ellas, mujeres de nuestra época y todos ellos, por suerte también.

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